jueves, 16 de marzo de 2023

Versión rara: Dios quiera que sea porque besé a un ángel.

16/03/2023.


Últimamente, con muchísima más frecuencia de la que me gustaría, encuentro indiferencia y apatía en mi alma. Temo que la sorpresa y el encanto por los detalles en donde reside la dulzura del mundo se oculten por el resto de mi vida cuando las busque.


Cuando mi abuela falleció, un cuatro de enero por la madrugada hace dos años, no reparé en el resto de cosas que perderíamos. Perdimos el fruto de la unión y sólo resta el intento, ya estéril. 

Mamá también luce diferente, ella perdió lo perdido antes que yo. Ya no ríe igual, ríe con tristeza. Ama con tristeza, se sirve el café en pasado y no en presente, nos sirve el café como si no nos gustara de la misma manera desde hace ya años. Olvidó que no me gusta solo, olvidó que a mi papá no le gusta solo, que a mi hermano le gusta rebajado, que le gusta el café lechero. Cuando me mira, es sin mirarme. Cuando despierta, es con pesar. Y se va a dormir con urgencia por la noche cuando llega. 

Y aunque no quiera contarme, sé qué es. Su tristeza me ha llenado el cerebro de piedras y los pulmones de agua, y me hace querer traspasar las barreras entre lo vivo y lo muerto porque parece ser allá el único lugar de donde puedo traer la calidez con la que sonreía de vuelta. ¿Habrá olvidado con mi abuela su corazón y nunca pudo recuperarlo sino como cenizas luego de la cremación?, que tome el mío. 

Que tome de mí lo que desee, que tome cualquier cosa que haga desaparecer el dolor del que me platica con todo menos con palabras, porque de todas maneras verla llevar vapor de alma en el rostro para todos lados fue corroyendo la mía.


Regalarle mi vida como le regalaría cualquier otra cosa que me hiciera feliz, hecha un río aparentando solidez, con el pecho abierto y el corazón pendiendo de arterias-hilo llorando por gotear sangre, de vivarachos hilos-arteria pretendiendo elegancia por gotear sangre. 

Así como mi abuelo y sus dos padres, que se buscaron la muerte y partiendo de la muerte tejieron cada uno sus vidas sin darse cuenta que tejían una misma tragicomedia.


No sé si es delirio, si estoy alucinando, si es que yo decoro con melancolía mis pupilas y veo la catástrofe propia del nihilista hasta en lo más bello, y deseo que sea eso antes que esto que diré sea una verdad, pero pienso que nunca hemos sido vitalidad, es casi genético, casi ancestral, en cada palabra hay una sed muy muy antigua de muerte, contenida en corazones como barricas que oxigenan una misma paradoja viviente en cada tío, cada abuelo, cada sobrino, cada madre, hermano, nieto, cada bisabuelo.



Lo bueno es que nunca me he quejado del destino, yo hundí poco a poco a lo largo de los años cada fracción de mi cuerpo en él. Fijé la vista en él cuando me di cuenta que no podría huir ni luchar contra él, desde muy muy cerca, tanto como el enfoque me permitiera. Desde muy lejos aquella vez que me creí más grande que él y le reté. Desde lo que entendí como su arriba, su abajo. De cabeza y con los pies bien plantados en el suelo, lo miré esa ocasión que recuerdo que estuve tan ebria que me quité la blusa, lo miré en drogas y lo miré sentada en el suelo de mi recámara dispuesta a hacer un trato con él, mi libertad a cambio de lo que quisiera.

Luego lo toqué, primero algún borde cualquiera con la yema del índice.

Está hecho de la más exquisita inmaterialidad, el grado perfecto de masallaísmo porque, aun en su inteligibilidad, es generoso.

la purification de l'âme chez toi (tout est chez toi)

  Baudelaire,  Rimbaud,  Verlaine, … Mallarmé, Corbière, el arte puro de Ben Vautier y Fluxus.  Antes de ti Una temporada en el infierno y ...