«Ben en México ¿Qué hago en México? Muestro sobre todo mi ego de todos modos en el "arte" no hay más que ego con sus distintos pretextos: ser revolucionario ser sincero encontrar algo nuevo ¿qué mostrarles? ¿El Ben filósofo? ¿El Ben étnico? ¿El Ben pretencioso? ¿Qué mostrarles?
Tengo más de 120 temas: mis apropiaciones los espejos el caos los retratos la guerra el miedo la muerte los gestos las "stupid ideas" mis ejercicios sobre el ego el tiempo Ben sexomaniático los huacales las maletas y baúles pero ante todo la verdad "La muerte es más fuerte que la vida" dicho esto si no cuaja la cosa diré: "así es la vida" Hasta la vida».
Ben, 2022.
Ben en México con sus distintos pretextos: encontrar algo nuevo [¿a través de?] los retratos, el miedo, [el] Ben sexomaniático.
¿Qué hago en México?, ser revolucionario. ¿El Ben pretencioso?, las maletas y baúles, "así es la vida".
Muestro sobre todo mi ego. Ser sincero, ¿qué mostrarles?, ¿qué mostrarles?. la guerra, las "stupid ideas", "la muerte es más fuerte que la vida".
de todos modos en el "arte" no hay más que ego.
¿El Ben filósofo?, el caos, mis ejercicios sobre el ego. Dicho esto, si no cuaja la cosa diré: [...].
¿El Ben étnico?, tengo más de 120 temas: [desde] los huacales, hasta la vida.
Los espejos, la muerte, pero ante todo la verdad.
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Danger Music Number Seventeen
Sream! ! Scream! ! Scream! !
Sream! ! Scream! ! Scream! !
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.F L U X U S.
1.
Si alguna vez ha sentido que su vida por entero, su nombre, su identidad, depende de lo que su mente sea capaz de producir, podrá comprender la obra de Benjamin Vautier. La conciencia, sin embargo, tiene un carácter fundamentalmente social, y es inalterable condición del humano.
Nuestro artista, con su más reciente exposición, muestra el pañuelo blanco ante la agonía que es saberse eternamente insuficiente. Uno no puede vencer a ni huir de su propio pensamiento, y cualquier esfuerzo por trascender el límite de la subjetividad es, por mucho, engañoso; apenas una mirada aturdida en las sombras hacia lo otro. Lo 'otro', sea lo que sea que es, es inalcanzable, incognoscible, la sed es insaciable.
Para hallar las respuestas que buscaba, Benjamin sabía que no bastaba huir de Francia, tampoco venir a México. Necesitaba nacer de nuevo. Necesitaba no sólo consumir otras ideas, sino poseerlas desde el germen, necesitaba ser otras mentes.
Así, con la desesperación de quien no halla sino cuatro paredes blancas e insondables alrededor de sí, con el hastío de quien sabe que toda idea, por más nueva y bella que parezca, en realidad murió hace siglos, y que toda creencia está seca y es infructuosa, Ben comienza su "nuevo" arte, sabiéndose un fracaso, una vieja nueva imaginación, estéril. Un genio de la ironía.
Un genio por saberse un fracaso, por saber que no había nada que pudiera hacer para escapar de sí. Nuestro artista es un genio por saberse incapaz de trascender no sólo su propia persona, sino la naturaleza del género humano entero.
2.
El Museo de Arte Contemporáneo prepara el recorrido: entrando a la primera sala, frases de colores constituyen un solo mensaje¹, aunque parecen ser distintas ideas centrales en un patrón que va por colores. Las palabras del artista son radicales, como anhelando juventud. Uno pensaría que el hombre le jura lealtad a quien sea que nutra sus ideas, quién sabe si verdaderamente cree en algo.
¹ Mensaje citado al principio de la crítica.
Siguiendo el recorrido, se puede encontrar una mesa con imágenes y texto, es una línea del tiempo que narra la vida de Ben. 87 años cumplidos al momento son suficientes para saber que sus palabras, tal como las aparentes obviedades del poema de Parménides, no son por nada. "Todo es arte" no es una simple frase al aire.
«Ma prétention d'avoir trouvé. Ma peur de me répeter. Ma volonté d'être different.
Ma jalousie des autres, Ma honte d'être ici. Mon impuissance à m'arrêter»
Sobre el ventanal de la misma sala hay un mensaje que desde el principio consideré clave: «everything is art».
Y en repetidas ocasiones se encuentra uno lo mismo. Cada tantos cuadros, cientos de palabras, se halla el pertinente recordatorio: todo es arte. ¿Qué quiere decir eso?, pareciera uno de esos mensajes con pretensión de profundidad, una confirmación mediocre, el cansancio de la sensación de no poder 'ver más allá'. Pero debe haber algo más. Digo, estamos en el Museo de Arte Contemporáneo y me he leído decenas de invitaciones al espacio etnicista-filosófico-artístico que se ha montado, en donde se alaba su genio artístico. ¿Qué tan filosófico es este espacio, al final de cuentas?, ¿qué tan crítico?, ¿cuáles son los criterios para admitir a un artista?, me pregunto. En gran parte porque, cuando menos la parte material de las profundísimas obras de Vautier, es realizable por cualquiera. Su habilidad técnica no es la razón por la que merece exposición.
3.
¿Qué es el arte?, ¿qué es el arte si todo es arte?
[«l'art es mort. vive la vie»].
¿Dónde queda la disociación estética a la que el arte conduce? Si se espera que uno experimente tal sensación durante toda la vida, ¿dónde queda el resto de la vida? y, si lo que se desea es más bien despojar al arte de aquella magia que despersonaliza, entonces no puedo evitar pensar que lo que se busca es asesinar al arte.
¿Qué debería entenderse por "todo es arte"?, ¿qué intención tiene una frase así si no des-significar el arte? Deslavar todo su significado no tiene utilidad si queremos salvar el verdadero arte, esté donde esté. Sobre todo si dicha frase viene de un artista-filósofo cómo Ben. ¿Despojar al arte del arte?, dejar la vida fluir (fluxus) también redirige a desear hacer arte.
Pero George Maciunas y su manifiesto sobre Fluxus, el nuevo movimiento artístico de los 60s cuyo nombre había sido tomado de una revista popular de la época, había ya cultivado ideas que fascinaron a Ben: había que promover el anti-arte, el "arte viviente". Enterrar el arte muerto, al que sólo acceden los críticos y profesionales, «purgar al mundo de la burguesía caduca». Se quería librar al mundo del europanismo y, si es verdad que Ben muestra en su más reciente trabajo que ha dejado de lado ideas esenciales que Fluxus sugería -como la de la libertad como principio fundamental del artista-, también es verdad que adaptó a su persona el corazón de uno de los principios: había que perseguir al arte en los lugares a donde había huido. Muy, muy lejos de la vieja, repetida e institucionalizada Europa.
[«I don't want to do art. I want to be happy»].
Ben y sus apropiaciones: Europa, al final de cuentas, no sale de él. El Ben étnico, sus más de 120 temas. Sus huacales, maletas y baúles... Todo una apariencia por el amor a la vida y el terror a repetirse.
[«THE DESTRUCTION OF ALL ART IS ART TOO. PLEASE TEAR THIS UP»], Ben, 1963.
Los artistas del fluxus eran inmensamente talentosos en quitarle la magia al arte y en despojarle del ego, y lo que el movimiento trataba de comunicar, esencialmente, es que la única experiencia de la que el arte puede alimentarse es la vida.
4.
Si queremos hallar un nuevo mundo, o cambiarlo a través del arte, Fluxus no es el camino. Van Gogh, Ray Johnson, Jackson Pollock, Sigmund Freud, Virginia Woolf. Todos artistas, poetas, literatos, todos ellos tomaron la decisión de su propia muerte. De alguna manera, el arte viejo les había condenado. Ben lo sabía. Aun así, a él también le tentaba su propia muerte: ni la comedia, ni el sinsentido, ni el arte ni el anti-arte, ni la simplicidad y la ligereza le salvaron. Nada nos salva.
[«La mort es simple»].
[«La mort est partout»].
¿Es entonces el suicidio el último gesto artístico?, ¿el último gesto poético?, ¿es el suicidio el destino intencionalmente trágico de todo artista, en cuya realización sólo decide lo contingente?, ¿no puede uno como mente revolucionaria dejarse pasar la vida hasta morir en un sofá frente a la TV? No. Es evidente. Pero todos los días hay en todos lados gente anónima saltando a las vías del metro, armas disparadas contra la sien de nadie, a manos de nadie, contra la cabeza, en el pecho a la altura del corazón. Todos los días, la misma muerte que le llega al asrista tomando la vida delanzándose de ventanas en altos edificios...
La muerte está en todos lados, la muerte es simple. ¿Y después de la muerte?
¿La muerte es arte -y es por eso que uno la planifica con tan delicado esmero-?, ¿el tiempo es arte?, ¿verlo pasar quizá será una experiencia estética y, por ende, arte?
¿Es la muerte planificada la epítome del arte? El arte nace y muere con el humano. Si recordar es una experiencia estética, recordar para después morir debe ser el último vistazo a la belleza superior, completa, eterna.
La muerte como la última y más importante experiencia sublime. La belleza como campo donde la vida humana se juega. De nuevo, ¿es la vida arte?
5.
Ben, habiendo formado un juicio de tantas y tantas corrientes, materializa una sola idea central rodeada por otras ideas-enredadera que la nutren. Id est, que la vida es arte, que lo es con todas sus ironías, sus profundidades de chapoteadero frente al océano abisal, sus competencias y segundos ineludibles, sus búsquedas incansables de lo que ya hemos guardado, sus tiempos, sus momentos, silencios, sus ruidos. Cada experiencia de la vida es más artística de lo que un cuadro, por más belleza que posea, pueda ser.
Maciunas lo advirtió: el arte debe ser divertido, simple, entretenido y sin pretensiones, tratar de temas triviales, sin necesidad de dominar técnicas especiales ni realizar innumerables ensayos y sin aspirar a tener ningún tipo de valor comercial o institucional, pero Ben nunca pudo dejar de lado las pretensiones, la voluntad de sobresalir en la categoría de la no-categoría.
Ben, atado a su ego, no fue lo suficientemente libre para renunciar a la competencia por reconocimientos y nombres grabados y enmarcados sobre paredes de piedra caliza. No pudo renunciar al deseo de ser diferente y, por lo tanto, lo único preciado que le queda es eso mismo, sus ejercicios de ego. Su inalienable ego. Fair enough, al fin y al cabo, el hambre siempre va antes.
-myth.





Las pretenciones arruinaron al "perfecto Ben". Tenemos un Ben muy real
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