jueves, 25 de mayo de 2023

Primera parte sobre lo bello (sin terminar).

"¿Qué es lo más bello del mundo?", me preguntó un compañero en clase; contesté rápido, tratando de dar con la génesis de todas las cosas incomparables y aun así cutivadoras que conozco, que pienso que el lenguaje debe ser lo más bello que existe. Está bien, no creo que importe mucho si digo ahora que no puede dar con lo más bello que existe.

De cualquier manera, me interesó más a mí su pregunta de lo que a él mi respuesta. La intención, supe ver, no era sólo preguntarme por lo bello.

Probablemente estoy confundiendo lo más bello que existe con la entidad que más potencial de creación de belleza tiene, pero no logro distinguir las líneas que dividen al creador de la creación.

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No me rindo en tratar de hallar un camino que me lleve a la respuesta, aun no fiándome del rigor de mi pensamiento.

Por ello es que, mientras más me adentro en lo que elegí -sin mucha previsión, por cierto- como el cauce que tomaría mi vida, más me convenzo de la importancia del poder creativo que tiene el lenguaje en todas sus etapas (formulación, omisión, pulcritud, reemplazamiento, invención, pronunciamiento, gesticulación, afanosa recepción, interpretación, intento de entendimiento,... En resumen, fusión de estrellas, el paso del ser por hábito a un salto al vacío hacia el suicidio y la reinvención, ambos metafísicos) para la aprehensión de la belleza ya existente y la creación de nuevos niveles en los que lo bello se significa y resignifica.

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Hace una semana y tres días exactos, conocí en carne propia la otredad completa y hasta el momento no he asimilado como imaginé que lo haría la crudeza con que irrumpe hasta en lo inimaginable: pienso ahora que si mañana mismo tuviese mi primera conversación con cualquier francoparlante, el tinte de predictibilidad abismal que ambos asumiríamos, cada uno sobre el mundo del otro, me devolverían antes y contra toda la marea de mi voluntad, a mi mundo, también predecible hasta en lo variable, que esta otredad que surge de todos lados con violencia, que no deja un solo detalle a la comprensión por puro gusto, porque yo esperaría que siendo de la misma ciudad compartiésemos cualquier cosa, calles, aire, avenidas, caminos, hábitos, palabras o ademanes,... cualquier indicio

Ejercicio de ego 1. Escrito hace un buen rato y corregido hoy domingo 12 de mayo.

 Queda lo que dejaste pendiente. Descansa gélido en el fondo del océano lo poco que nos queda. 

En definitiva te has ido; yo me he ido con vos,

me he consumido como incienso en tus palmas,

y desde que vos te fuiste, yo dejé de buscar el amor,

lo dejé de buscar porque uno sabe la partida. No es triste, aun así. Sé que se me ha ido como se va un sueño, como se queda quieta y lúgubre la noche luego de extinguir una hoguera, se me ha ido como se le va la vida a medio mundo, sin que se note demasiado.

Con todo, es algo (nada no ha de ser) decir que el cielo de mi alma llegó cuando vos eras vos, y murió como muere dulcemente una flama de vela de vainilla de supermercado aquella vez que agonizaste, tú flor de temprana primavera, y te hiciste polvo sobre tus sábanas, que eran mi lugar preferido.


Ahora beso al aire anhelando que se apiade y me devuelva tu calor,

y cierro los ojos para hacer el amor a la memoria de tus dedos, que me recorrían con toda la curiosidad religiosa con la que uno acariciaría una nube si cualquiera de ellas prestará atención al calor húmedo del sol sobre campos verdes y deseara bajar.


Pero vos ya no sos vos,

esto que sos ahora es tan humano que duele,

tan humano que me ha hecho estallar como cristal el corazón,

tan, tan humano, que parecería que sos sólo un cuerpo, que ya no recuperaste el alma, que por dentro estás lleno de sangre que corre y corre y que no tenés espacio ya, que no te quedó en todo el cuerpo algún rincón donde entrara un solo gramo de éter.

Vos olvidaste acá el alma, acá se te quedó,

y te juro que la dejé reposar en agua de río para que flotase, 

le besé toda la inmaterialidad,

me quedé con ceniza por labios porque era tu alma una forma tan luminosa de la divinidad que era tu cuerpo el que debía racionarla para mí, conmigo, ante mí, de mí, por mí, ¡Dios!, para mí.

Y se la ha llevado el Sol incoherente que se deja lentamente caer para contemplar enamorado a la Luna cuando se pone, aquel Sol de Eros que, aun embriagado en luz blanca de Luna, es infiel y te besa diario el cuerpo a vos.


Te rogaría incluso que, de creer en algo, creyeras en esto. Pero me he quedado sola, sin vos, sola sin vos y vos sin alma porque ese fue el costo de dejarme de amar.


- myth.

la purification de l'âme chez toi (tout est chez toi)

  Baudelaire,  Rimbaud,  Verlaine, … Mallarmé, Corbière, el arte puro de Ben Vautier y Fluxus.  Antes de ti Una temporada en el infierno y ...